El chico sentado en el escritorio a su lado utilizaba
auriculares y concienzudamente movía la cabeza. La chica al otro lado de Pau
seguía cambiando su cabello de un hombro a otro.
Cerró los ojos. Podía sentir sus escritorios crujiendo.
Podía oler sus desodorantes. Solo saber que ellos estaban allí la hacía
sentirse tensa y arrinconada.
Si tuviera un poco menos de orgullo, podría haber tomado la
clase con su hermana, ella y Wren necesitaban los créditos de historia. Tal vez
debería estar tomando clases con Wren mientras todavía tenían un poco en común;
no se interesaban en nada del mismo tema. Wren quería estudiar mercadeo, y
quizás conseguir un trabajo en publicidad como su papá.
Pau no podía imaginar tener ninguna clase de trabajo o
carrera. Se había especializado en Inglés, esperando que eso significara poder pasar los próximos cuatro
años leyendo y escribiendo. Y tal vez los cuatros años después de eso.
De cualquier manera, ya había probado el curso introductorio
para los de primer año, y cuando se reunió con su consejero en la primavera, lo
convenció de que podía manejar la Introducción a la Escritura de Ficción en un
curso de nivel junior. Era la única clase —tal vez la única cosa en la universidad— que Pau estaba esperando. La profesora que
lo impartía era una novelista de
verdad. Pau había leído todos sus tres libros (sobre el descenso y la
desolación en la América rural) en el verano.
—¿Por qué estás leyendo eso? —preguntó Wren cuando lo
notó.
—¿Qué?
—Algo sin un dragón o un elfo en la cubierta.
—Estoy diversificándome.
—Shh —dijo Wren, cubriendo los oídos en el poster de la película sobre su cama—. Baz te
escuchará.
—Baz está seguro en nuestra relación —había dicho Pau,
sonriendo a su pesar.
Pensar en Wren en ese momento hizo a Pau buscar su teléfono. Wren probablemente había salido anoche.
Había sonado como si todo el campus estuviera festejando. Pau
se sentía asediada en su habitación vacía. Gritos. Risas. Música. Todo viniendo
de todas direcciones. Wren no habría podido resistir el ruido.
Pau buscó su teléfono en su mochila.
¿Estás despierta? —Envió.
Pocos segundos después, su teléfono sonó.
-¿Esa no es mi
línea?
Demasiado cansada para escribir anoche —tecleó Pau —fui a la cama a las diez.
Sonó. Ya descuidando a tus admiradores…
Pau sonrió. Siempre tan celosa de mis fanáticos…
Ten un buen día.
Sí, tú también.
Un hombre indio de mediana edad en una reconfortante chaqueta de
lana entró en el auditorio.
Pau bajó su teléfono y lo deslizó dentro de su bolso.
Cuando regresó al dormitorio, se encontraba hambrienta. A este
ritmo, sus barras de proteína no durarían una semana…
Había un chico sentando fuera de su habitación. El mismo. ¿Novio de Reagan? ¿El amigo de
cigarrillos de Reagan?
—¡Paula! —dijo con una sonrisa. Comenzó a ponerse de pie tan pronto
como la vio, lo que fue más de una producción de la que debería haber sido; sus
piernas y brazos eran demasiado largos para su cuerpo.
—Es Pau —dijo.
—¿Estás segura? —Recorrió una mano a través de su cabello.
Como si estuviera confirmando que estaba todavía desordenado—. Porque realmente
me gusta Paula.
—Estoy segura —dijo categóricamente—. He tenido un montón de tiempo
para pensar al respecto.
Él se paró allí, esperando a que ella abriera la puerta.
—¿Está Reagan aquí? —preguntó Pau.
—Si Reagan estuviera aquí —sonrió—, ya estaría adentro.
Pau apretó su llave pero no abrió la puerta. No estaba al
tanto de esto. Ya estaba saturada de nuevo y otro el día de hoy. Justo ahora
sólo quería acurrucarse en su cama extraña y ruidosa e inhalar tres barras de proteína.
Miró sobre el hombro del muchacho.
—¿Cuándo llegará?
Él se encogió de hombros.
4/5
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