viernes, 15 de agosto de 2014

Capitulo 3

—Todo lo que voy a hacer durante los próximos nueve meses es conocer gente nueva. Hoy elijo pizza buffet.

Wren puso los ojos en blanco.

—Está bien  —dijo su padre, dándole a Pau palmaditas en el hombro—. Próxima parada, Schramm Hall. ¿Señoritas? —
Abrió la puerta.

Pau no se movió. —Puedes venir a buscarme después de dejarla —sugirió, mirando a su hermana—. Quiero empezar a desempacar.

Wren no discutió, sólo salió al pasillo. —Voy a hablar contigo mañana—dijo, sin voltearse a mirar a Pau.

—Seguro.

Se sentía bien desempacar. Poner sábanas a  la cama y ordenar sus nuevos libros de texto,  ridículamente caros, en las estanterías de su nuevo escritorio.

Cuando su padre regresó, caminaron juntos hasta Valentino‘s. Todas las personas que vieron en el camino eran de la edad de Pau.  Era espeluznante.

—¿Por qué todo el mundo es rubio? —preguntó Pau —.¿Y por qué son todos blancos?

Su padre se echó a reír. —No estás más que acostumbrada a vivir en el barrio menos blanco de Nebraska.

Su casa, en el sur de Omaha,  estaba  en un barrio mexicano. La familia de Pau era la única blanca de la manzana.

—Oh, Dios —dijo—. ¿Crees qué en esta ciudad tengan un camión de tacos?

—Creo que he visto un Chipotle…

Ella gimió.

—¡Vamos! —dijo él—, te gusta el Chipotle.

—No es el punto.

Cuando llegaron a Valentino‘s, estaba lleno de estudiantes. 

Unos pocos, como Pau, habían venido con sus padres, pero no muchos. —Es como una historia de ciencia ficción —dijo ella—. No hay niños pequeños...Nadie mayor de treinta... ¿Dónde están todas las personas mayores?

Su padre levantó una rebanada de pizza. —Soylent Green1.

Pau se echó a reír.

—Yo no soy viejo, ¿sabes? —Estaba golpeando la mesa con los dos dedos del medio de la mano izquierda—. Cuarenta y uno. Los otros tipos de mi edad en el trabajo están empezando a tener hijos.

—Esa fue una buena idea —dijo Pau —, sacarnos del camino antes de tiempo. Podrías comenzar a traer chicas a casa ahora… No hay moros en la costa.

—Todas mis chicas… —dijo, mirando a su plato—. Ustedes son las únicas chicas por las que me preocupó.

—Ugh. Papá. Raro.

—Sabes lo que quiero decir. ¿Qué pasa contigo y tu  hermana? Ustedes nunca han peleado así antes....

—No estamos peleando ahora —dijo Pau, tomando un bocado de tocino de la pizza—. Oh, cielos. —Lo escupió.

—¿Qué pasa, has encontrado una pestaña?

—No. Un pepinillo. Está bien. Es que no me lo esperaba.

—Parece como si estuvieran peleando —insistió.
Pau se encogió de hombros. Ella y  Wren ni siquiera hablaban mucho, por no decir pelear. —Wren sólo quiere más... independencia.

—Suena razonable.

Por supuesto que sí, pensó Pau, es  la especialidad de Wren. Pero ella la dejó caer. No quería que su padre se preocupara por eso ahora.

Podía decir, por la forma en que se mantuvo golpeando la mesa, que ya se estaba agotando. Demasiadas horas de normalidad seguidas.

—¿Cansado? —preguntó.

Él le sonrió, disculpándose, y puso su mano en su regazo. —Ha sido un gran día. Un gran y duro día… es decir,  sabía que  lo sería. —Levantó una ceja—. Ambas, el mismo día. Guau. Todavía no puedo creer que no van a venir conmigo a casa....

—No te pongas demasiado cómodo. No estoy segura de que pueda seguir con esto todo un semestre. —Era sólo una broma, y él lo sabía.


—Vas a estar bien, Pau. —Puso su mano, menos nerviosa, sobre la de ella y se la apretó—. Y yo también. ¿Sabes?

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