—Todo lo que voy a hacer durante los próximos nueve meses es conocer
gente nueva. Hoy elijo pizza buffet.
Wren puso los ojos en blanco.
—Está bien —dijo su
padre, dándole a Pau palmaditas en el hombro—. Próxima parada, Schramm Hall.
¿Señoritas? —
Abrió la puerta.
Pau no se movió. —Puedes venir a buscarme después de dejarla —sugirió,
mirando a su hermana—. Quiero empezar a desempacar.
Wren no discutió, sólo salió al pasillo. —Voy a hablar contigo
mañana—dijo, sin voltearse a mirar a Pau.
—Seguro.
Se sentía bien desempacar. Poner sábanas a la cama y ordenar sus nuevos libros de
texto, ridículamente caros, en las
estanterías de su nuevo escritorio.
Cuando su padre regresó, caminaron juntos hasta Valentino‘s.
Todas las personas que vieron en el camino eran de la edad de Pau. Era espeluznante.
—¿Por qué todo el mundo es rubio? —preguntó Pau —.¿Y por qué son
todos blancos?
Su padre se echó a reír. —No estás más que acostumbrada a vivir
en el barrio menos blanco de Nebraska.
Su casa, en el sur de Omaha,
estaba en un barrio mexicano. La familia
de Pau era la única blanca de la manzana.
—Oh, Dios —dijo—. ¿Crees qué en esta ciudad tengan un camión
de tacos?
—Creo que he visto un Chipotle…
Ella gimió.
—¡Vamos! —dijo él—, te gusta el Chipotle.
—No es el punto.
Cuando llegaron a Valentino‘s, estaba lleno de estudiantes.
Unos pocos, como Pau, habían venido con sus padres, pero no muchos. —Es como
una historia de ciencia ficción —dijo ella—. No hay niños pequeños...Nadie mayor de treinta... ¿Dónde están todas las personas
mayores?
Su padre levantó una rebanada de pizza. —Soylent Green1.
Pau se echó a reír.
—Yo no soy viejo, ¿sabes? —Estaba golpeando la mesa con los
dos dedos del medio de la mano izquierda—. Cuarenta y uno. Los otros tipos de
mi edad en el trabajo están empezando a tener hijos.
—Esa fue una buena idea —dijo Pau —, sacarnos del camino antes
de tiempo. Podrías comenzar a traer chicas a casa ahora… No hay moros en la
costa.
—Todas mis chicas… —dijo, mirando a su plato—. Ustedes son las
únicas chicas por las que me preocupó.
—Ugh. Papá. Raro.
—Sabes lo que quiero decir. ¿Qué pasa contigo y tu hermana? Ustedes nunca han peleado así
antes....
—No estamos peleando ahora —dijo Pau, tomando un bocado de tocino
de la pizza—. Oh, cielos. —Lo escupió.
—¿Qué pasa, has encontrado una pestaña?
—No. Un pepinillo. Está bien. Es que no me lo esperaba.
—Parece como si estuvieran peleando —insistió.
Pau se encogió de hombros. Ella y Wren ni siquiera hablaban mucho, por no decir
pelear. —Wren sólo quiere más... independencia.
—Suena razonable.
Por supuesto que sí, pensó Pau, es la especialidad de Wren. Pero ella la dejó
caer. No quería que su padre se preocupara por eso ahora.
Podía decir, por la forma en que se mantuvo golpeando la mesa,
que ya se estaba agotando. Demasiadas horas de normalidad seguidas.
—¿Cansado? —preguntó.
Él le sonrió, disculpándose, y puso su mano en su regazo. —Ha
sido un gran día. Un gran y duro día… es decir,
sabía que lo sería. —Levantó una ceja—.
Ambas, el mismo día. Guau. Todavía no puedo creer que no van a venir conmigo a
casa....
—No te pongas demasiado cómodo. No estoy segura de que pueda seguir
con esto todo un semestre. —Era sólo una broma, y él lo sabía.
—Vas a estar bien, Pau. —Puso su mano, menos nerviosa, sobre
la de ella y se la apretó—. Y yo también. ¿Sabes?
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