viernes, 15 de agosto de 2014

Capitulo 7

El estómago de Pau se apretó. —Bueno,  simplemente  no puedo dejarte entrar —espetó.

—¿Por qué no? 

—Ni siquiera te conozco.

—¿Estas bromeando?  —Rió—. Nos conocimos ayer. Estaba  en la habitación cuando me conociste. 

—Sí, pero no te conozco. Ni siquiera conozco a Reagan.

—¿Vas a hacerla esperar afuera también?

—Mira…  —dijo Pau —, simplemente no puedo dejar a chicos extraños en mi habitación. Ni siquiera sé tu nombre. Toda esta situación es demasiado abusiva. 

—¿Abusiva?

—Tu entiendes —dijo—, ¿cierto?

Él dejó caer una ceja y  sacudió  la cabeza, todavía sonriendo. —No realmente. Pero ahora no quiero entrar contigo. La palabra abusivo me pone incómodo. 

—A mí también —dijo agradecidamente.

Se recostó contra la pared y se deslizó nuevamente hacia el suelo, mirándola. Luego le tendió la mano. —Soy Pedro, por cierto.

Pau frunció el ceño y tomó  su mano ligeramente, todavía sosteniendo sus llaves. —De acuerdo —dijo, luego abrió la puerta y la cerró tan rápidamente como fue posible detrás de ella. 

Agarró su  laptop y sus barras de proteína y gateó hasta la esquina de su cama.

Pau estaba tratando de caminar por su lado de la habitación, pero no había suficiente piso. Ya se sentía como una prisión ahí, especialmente ahora que el novio de Reagan, Pedro, estaba de pie haciendo guardia —o sentando haciendo guardia, o lo que fuera— en el pasillo. 

Pau se sentiría mejor si pudiera simplemente hablar con alguien. Se preguntaba si era demasiado pronto para llamar a Wren…

Llamó a su papá en su lugar. Y dejó un mensaje de voz.

Le escribió un mensaje a Abel. Hola. Uno menos. ¿Qué tal? 

Abrió su libro de sociología. Luego abrió su laptop. 

Después se levantó para abrir la ventana. Estaba cálido afuera. Las personas se perseguían una a las otras con pistolas Nerf en el exterior de una casa de fraternidad cruzando la calle. Pi-Kappa-Luce-Raro-O.

Pau tiró de su teléfono y marcó.

—Hola —respondió Wren—, ¿cómo fue tu primer día? 

—Bien. ¿Cómo estuvo el tuyo?

—Bien  —dijo Wren. Siempre  se las arreglaba para sonar despreocupada y tranquila—. Quiero decir, estresante, supongo. Fui al edificio equivocado para Estadística. 

—Eso apesta.

La puerta se abrió y Reagan y Pedro entraron. Reagan le dio a Pau una mirada extraña, pero Pedro sólo sonrió.

—Sí —dijo Wren—. Solo me atrasó un par de minutos, pero todavía me siento tan estúpida… Oye, Courtney y yo estamos de camino a cenar, ¿puedo llamarte de vuelta? ¿O simplemente quieres reunirte con nosotras para almorzar mañana? Creo que comenzaremos a encontrarnos en el Salón Selleck al mediodía. ¿Sabes dónde está? 

—Lo encontraré —dijo Pau.

—Está bien, genial. Te veo entonces.

—Genial —dijo Pau, presionando  Terminar y colocando el  teléfono en su bolsillo.

Pedro ya se había tumbado en la cama de Reagan. 

—Hazte útil —dijo Reagan, arrojándole una sábana arrugada—. Hola —le dijo a Pau.

—Hola —dijo ella. Se mantuvo de pie ahí por un minuto, esperando a que alguna clase de conversación sucediera, pero Reagan no parecía interesada. Estaba revisando todas sus cajas, como  si estuviera buscando algo.

—¿Cómo estuvo tu primer día? —preguntó Pedro.

Le tomó un segundo a Pau caer en la cuenta de que le hablaba a ella. —Bien —dijo.

—Eres de  primer  año, ¿cierto?  —Estaba haciendo la cama de Reagan. Pau se preguntó si planeaba pasar  la noche, eso no sucedería.

En absoluto. 


Todavía estaba mirándola, sonriéndole, así que asintió.  

5/5
Hoy estoy en buena y les subí 5 capitulos, bueno hasta el lunes a la tardecita o el martes después del mediodíaa no puedo subir porque me tomo minis-vacaciones. 
Espero que les guste, ya saben que arriba esta mi ask y mi twitter.
Les dejo besos y espero algún comentario. 

Capitulo 6

El chico sentado en el escritorio a su lado utilizaba auriculares y concienzudamente movía la cabeza. La chica al otro lado de Pau seguía cambiando su cabello de un hombro a otro.

Cerró  los  ojos. Podía sentir sus escritorios crujiendo. Podía oler sus desodorantes. Solo saber que ellos estaban allí  la hacía  sentirse tensa y arrinconada. 

Si tuviera un poco menos de orgullo, podría haber tomado la clase con su hermana, ella y Wren necesitaban los créditos de historia. Tal vez debería estar tomando clases con Wren mientras todavía tenían un poco en común; no se interesaban en nada del mismo tema. Wren quería estudiar mercadeo, y quizás conseguir un trabajo en publicidad como su papá. 

Pau no podía imaginar tener ninguna clase de trabajo o carrera. Se había especializado en Inglés, esperando que eso  significara poder pasar los próximos cuatro años leyendo y escribiendo. Y tal vez los cuatros años después de eso.

De cualquier manera, ya había probado el curso introductorio para los de primer año, y cuando se reunió con su consejero en la primavera, lo convenció de que podía manejar la Introducción a la Escritura de Ficción en un curso de nivel junior. Era la única clase —tal vez la única cosa en  la universidad—  que Pau estaba esperando. La profesora  que  lo  impartía era una novelista de verdad. Pau había leído todos sus tres libros (sobre el descenso y la desolación en la América rural) en el verano.

—¿Por qué estás leyendo eso? —preguntó Wren cuando lo notó. 

—¿Qué?

—Algo sin un dragón o un elfo en la cubierta.

—Estoy diversificándome. 

—Shh —dijo Wren, cubriendo los oídos en el poster  de la película sobre su cama—. Baz te escuchará.

—Baz está seguro en nuestra relación —había dicho Pau, sonriendo a su pesar. 

Pensar en Wren en ese momento hizo a Pau buscar su teléfono. Wren probablemente había salido anoche.

Había sonado como si todo el campus estuviera festejando. Pau se sentía asediada en su habitación vacía. Gritos. Risas. Música. Todo viniendo de todas direcciones. Wren no habría podido resistir el ruido. 

Pau buscó su teléfono en su mochila. 

¿Estás despierta? —Envió.

Pocos segundos después, su teléfono sonó. 
-¿Esa no es mi línea? 

Demasiado cansada para escribir anoche —tecleó Pau —fui a la cama a las diez. 

Sonó. Ya descuidando a tus admiradores…

Pau sonrió. Siempre tan celosa de mis fanáticos… 

Ten un buen día.

Sí, tú también. 

Un hombre indio de mediana edad en una reconfortante chaqueta de lana entró en el auditorio. 
Pau bajó su teléfono y lo deslizó dentro de su bolso. 

Cuando regresó al dormitorio, se encontraba hambrienta. A este ritmo, sus barras de proteína no durarían una semana… 

Había un chico sentando fuera de su habitación.  El mismo. ¿Novio de Reagan? ¿El amigo de cigarrillos de Reagan?

—¡Paula! —dijo con una sonrisa. Comenzó a ponerse de pie tan pronto como la vio, lo que fue más de una producción de la que debería haber sido; sus piernas y brazos eran demasiado largos para su cuerpo.

—Es Pau —dijo.

—¿Estás segura? —Recorrió una mano a través de su cabello. Como si estuviera confirmando que estaba todavía desordenado—. Porque realmente me gusta Paula.

—Estoy segura —dijo categóricamente—. He tenido un montón de tiempo para pensar al respecto. 

Él se paró allí, esperando a que ella abriera la puerta. 

—¿Está Reagan aquí? —preguntó Pau.

—Si Reagan estuviera aquí —sonrió—, ya estaría adentro.
Pau apretó su llave pero no abrió la puerta. No estaba al tanto de esto. Ya estaba saturada de nuevo y otro el día de hoy. Justo ahora sólo quería acurrucarse en su cama extraña y ruidosa e inhalar tres barras de proteína. Miró sobre el hombro del muchacho.

—¿Cuándo llegará?

Él se encogió de hombros.

4/5

Capitulo 5

En los libros, cuando las personas despiertan en  un lugar extraño, siempre tienen ese momento desorientador cuando no saben dónde están. Eso nunca le había sucedido a Pau; siempre recordaba quedarse dormida. 

Pero todavía se sentía extraño escuchar la misma vieja alarma apagarse en este nuevo lugar. 

La luz en la habitación era extraña, demasiado amarilla por la mañana, y el aire del dormitorio tenía un toque de detergente del que no estaba segura si llegaría a acostumbrarse. Recogió su teléfono y apagó la alarma, recordando que todavía no le había escrito a Abel. No había siquiera revisado su e-mail o su cuenta de FanFixx antes de irse a la cama. 

Primer día. —Le envió un mensaje a Abel ahora—. Más luego, x, o, etc. 

La cama en el otro lado de la habitación estaba todavía vacía.

Podría acostumbrarse a eso. Tal vez Reagan pasaría todo su tiempo en la habitación de su novio. O en su apartamento. Su novio se veía mayor, probablemente vivía fuera del campus con otros veinte chicos, en alguna casa destartalada con un sofá en el patio delantero.

Incluso con la  habitación para ella misma, no se sentía segura cambiándose aquí. Reagan podría entrar en cualquier minuto, el novio de Reagan podría entrar en cualquier minuto… Y cualquiera de ellos podría ser un pervertido con la cámara del celular.

Pau llevó su ropa al baño y se cambió en una cabina. Había una chica en los lavabos, tratando desesperadamente de hacer contacto visual amistoso. Ella pretendió no notarlo. 

Terminó de acomodarse con suficiente tiempo para tomar el desayuno, pero no tenía ganas de hacer frente al comedor, todavía no sabía dónde era, o cómo funcionaba...

En situaciones nuevas, todas las reglas más difíciles son aquellas que nadie se molesta en explicarte. (Y las que no puedes buscar en Google.)

Como: ¿dónde comienza la línea?, ¿qué comida puedes tomar?, ¿dónde se supone que debes ponerte de pie? Luego, ¿dónde se supone que tienes que sentarte?, ¿a dónde vas cuando terminas? ¿por qué todo el mundo está mirándote?... Bah. 

Abrió una caja de barras de proteína. Tenía cuatro cajas más y tres tarros gigantes de mantequilla de maní metidas debajo de su cama. Si mantenía el ritmo, podría no tener que enfrentar el comedor hasta octubre. 

Abrió su portátil mientras masticaba una barra de algarrobo y avena y hacía clic a través de su cuenta en FanFixx. Había un montón de nuevos comentarios en su página, todas las personas retorciéndose las manos porque ella no había publicado un nuevo capítulo de Carry On ayer.

“Hola chicos, escribió.  Lo siento sobre lo de ayer.  Primer día de escuela, familia, cosas, etc. Hoy quizás no suceda tampoco. Pero prometo que estaré  de vuelta  el martes, y tengo algo especialmente perverso planeado. Paz, fuera, Magicath.”

Caminando a clases, Pau no podía evitar la sensación de que estaba pretendiendo ser una estudiante universitaria en una película para mayores de edad. El escenario era perfecto, atravesando el pasto verde, edificios de ladrillos, niños en todas partes con mochilas. Pau cambió su bolso incómodamente en su espalda. Mírame, soy una foto de archivo de una estudiante universitaria. 

Llegó a Historia Americana diez minutos antes, lo que todavía no era suficientemente temprano para conseguir un asiento en la parte trasera de la clase. Todos en el salón  parecían incómodos y nerviosos, como si hubieran pasado demasiado tiempo decidiendo qué ponerse. 


(Comienza como si tuvieras la intención de seguir, había pensado cuando se probó su atuendo la noche anterior. Camisa Simon. Cárdigan verde.)

3/5

Capitulo 4

Pau dejó de mirarlo a los ojos por un momento. Parecía cansado… y, sí, nervioso, pero él estaba intentándolo.

—Todavía me gustaría que consiguieras un perro —dijo.

—Nunca recordaría alimentarlo.

—Tal vez podríamos entrenarlo para que te alimente a ti.

Cuando Pau regresó a su habitación, su compañera de cuarto, Reagan, seguía desaparecida. O tal vez se había ido otra vez, sus cajas parecían intactas. Pau terminó quitarse  la  ropa, y luego abrió la caja de los objetos personales que había llevado desde su casa.

Sacó una foto de ella y Wren, y la colocó en el tablero de corcho detrás de su escritorio. Era de su graduación. 
Ambas vestían túnicas rojas y estaban sonrientes. Fue antes de que Wren se cortara el pelo....
Ella ni siquiera le había dicho a Pau que iba a hacer eso. Sólo llegó a casa del trabajo, al final del verano, con el cabello corto. Se veía increíble, lo que probablemente significaba que también se vería increíble en Pau. Pero Pau jamás podría conseguir ese corte de pelo ahora, incluso si pudiera reunir el valor para cortarse quince centímetros. No podía copiar a su propia hermana gemela.

Luego, Pau sacó la foto enmarcada  de su padre, que siempre había estado en su cómoda. Se veía especialmente guapo en esa foto, tomada el día de su boda. Era joven y sonriente, y tenía un girasol en la solapa. Pau lo puso en el anaquel por encima de su escritorio.

También ubicó una foto de Abel y ella en el baile. Pau llevaba un vestido verde brillante, y Abel tenía una faja coincidente. Era una buena imagen de Cath, a pesar de que su rostro se veía desnudo y plano sin las gafas. Y era una buena imagen de Abel, a pesar de que parecía aburrido.
Él siempre parecía un poco aburrido.

Pau probablemente debería haberle enviado un mensaje de texto a Abel, sólo para decirle que había llegado bien, pero quería esperar hasta que se sintiera más relajada y despreocupada. No podía responder sus mensajes. Si contestaba toda de mal humor y melancólica, el mensaje sólo se quedaría allí en su teléfono, recordándole lo arrastrada que era.

En la parte inferior de la caja estaban los posters de Simon y Baz de Pau. Los puso en su cama con cuidado, algunos eran originales, dibujados o pintados para ella. Tendría que elegir sus favoritos;  no había espacio para todos en el tablero de corcho y Pau ya había decidido no usar ninguna de las paredes, donde Dios y todo el mundo se dieran cuenta de ellos.

Eligió tres…

Simon levantando la Espada de los Magos. Baz descansando en un trono negro con colmillos. Los dos caminando juntos a través de  hojas doradas girando, azotando en el viento.

Unas cuantas cosas más que quedaban en la caja: un ramillete seco, una cinta que Wren le había dado y que decía: CLUB DEL PLATO LIMPIO, bustos conmemorativos de Simon y Baz que había pedido en Noble Collection…


Pau encontró un lugar para cada cosa y luego se sentó en la silla del escritorio de madera destartalada. Si se sentaba allí, de espaldas a las paredes y cuadros desnudos de Reagan, se sentía casi como en casa.

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Capitulo 3

—Todo lo que voy a hacer durante los próximos nueve meses es conocer gente nueva. Hoy elijo pizza buffet.

Wren puso los ojos en blanco.

—Está bien  —dijo su padre, dándole a Pau palmaditas en el hombro—. Próxima parada, Schramm Hall. ¿Señoritas? —
Abrió la puerta.

Pau no se movió. —Puedes venir a buscarme después de dejarla —sugirió, mirando a su hermana—. Quiero empezar a desempacar.

Wren no discutió, sólo salió al pasillo. —Voy a hablar contigo mañana—dijo, sin voltearse a mirar a Pau.

—Seguro.

Se sentía bien desempacar. Poner sábanas a  la cama y ordenar sus nuevos libros de texto,  ridículamente caros, en las estanterías de su nuevo escritorio.

Cuando su padre regresó, caminaron juntos hasta Valentino‘s. Todas las personas que vieron en el camino eran de la edad de Pau.  Era espeluznante.

—¿Por qué todo el mundo es rubio? —preguntó Pau —.¿Y por qué son todos blancos?

Su padre se echó a reír. —No estás más que acostumbrada a vivir en el barrio menos blanco de Nebraska.

Su casa, en el sur de Omaha,  estaba  en un barrio mexicano. La familia de Pau era la única blanca de la manzana.

—Oh, Dios —dijo—. ¿Crees qué en esta ciudad tengan un camión de tacos?

—Creo que he visto un Chipotle…

Ella gimió.

—¡Vamos! —dijo él—, te gusta el Chipotle.

—No es el punto.

Cuando llegaron a Valentino‘s, estaba lleno de estudiantes. 

Unos pocos, como Pau, habían venido con sus padres, pero no muchos. —Es como una historia de ciencia ficción —dijo ella—. No hay niños pequeños...Nadie mayor de treinta... ¿Dónde están todas las personas mayores?

Su padre levantó una rebanada de pizza. —Soylent Green1.

Pau se echó a reír.

—Yo no soy viejo, ¿sabes? —Estaba golpeando la mesa con los dos dedos del medio de la mano izquierda—. Cuarenta y uno. Los otros tipos de mi edad en el trabajo están empezando a tener hijos.

—Esa fue una buena idea —dijo Pau —, sacarnos del camino antes de tiempo. Podrías comenzar a traer chicas a casa ahora… No hay moros en la costa.

—Todas mis chicas… —dijo, mirando a su plato—. Ustedes son las únicas chicas por las que me preocupó.

—Ugh. Papá. Raro.

—Sabes lo que quiero decir. ¿Qué pasa contigo y tu  hermana? Ustedes nunca han peleado así antes....

—No estamos peleando ahora —dijo Pau, tomando un bocado de tocino de la pizza—. Oh, cielos. —Lo escupió.

—¿Qué pasa, has encontrado una pestaña?

—No. Un pepinillo. Está bien. Es que no me lo esperaba.

—Parece como si estuvieran peleando —insistió.
Pau se encogió de hombros. Ella y  Wren ni siquiera hablaban mucho, por no decir pelear. —Wren sólo quiere más... independencia.

—Suena razonable.

Por supuesto que sí, pensó Pau, es  la especialidad de Wren. Pero ella la dejó caer. No quería que su padre se preocupara por eso ahora.

Podía decir, por la forma en que se mantuvo golpeando la mesa, que ya se estaba agotando. Demasiadas horas de normalidad seguidas.

—¿Cansado? —preguntó.

Él le sonrió, disculpándose, y puso su mano en su regazo. —Ha sido un gran día. Un gran y duro día… es decir,  sabía que  lo sería. —Levantó una ceja—. Ambas, el mismo día. Guau. Todavía no puedo creer que no van a venir conmigo a casa....

—No te pongas demasiado cómodo. No estoy segura de que pueda seguir con esto todo un semestre. —Era sólo una broma, y él lo sabía.


—Vas a estar bien, Pau. —Puso su mano, menos nerviosa, sobre la de ella y se la apretó—. Y yo también. ¿Sabes?

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jueves, 7 de agosto de 2014

Capitulo 2

—Y ha funcionado muy  bien  —dijo Pau, agitando su brazo alrededor del dormitorio hacia las pilas de libros y posters de Simon en el armario, donde metían toda su ropa sin preocuparse la mayoría de las veces de qué le pertenecía a cada una.

Pau estaba sentada a los pies de la cama, tratando de no parecer la ―Patética que Siempre Lloriquea.
—Esto es la universidad —insistió Wren—. El punto de la universidad esconocer gente nueva.
—El punto de tener una hermana gemela —dijo Pau —, es no tener que preocuparse por este tipo de cosas. Raros extraños que roban tus tampones, huelen como a aderezo para ensaladas y te toman fotos con sus teléfonos celulares mientras duermes…
Wren suspiró. — ¿De qué estás hablando? ¿Por qué alguien va a oler como aderezo para ensalada?
—Como a vinagre —dijo Pau —. ¿Recuerdas cuando nos fuimos de viaje en primer año, y que  la habitación de una niña olía a aderezo italiano?
—No.
—Bueno, era horrible.
—Es la universidad —repitió Wren, exasperada, cubriéndose la cara con las manos—. Se supone que debe ser una aventura.
—Ya es toda una aventura. — Pau se arrastró junto a su hermana y le sacó las manos de la cara—. Toda la perspectiva ya es aterradora.
—Se supone que debemos conocer gente nueva —insistió Wren.
—Yo no necesito gente nueva.
—Eso demuestra lo mucho que necesitas gente nueva.... —Wren le apretó las manos—. Pau, piensa en ello. Si lo hacemos juntas, la gente nos tratará como si fuéramos la misma persona. Pasarán cuatro años antes de que alguien pueda incluso diferenciarnos.
—Todo lo que tienen que hacer es prestar atención. — Pau tocó la cicatriz en la barbilla de Wren, justo debajo de su labio. (Accidente de trineo. Tenían nueve, y Wren estaba en la parte delantera del trineo cuando golpeó el árbol. Pau había caído a la nieve de la parte posterior.)
—Sabes que tengo razón —dijo Wren.
Pau negó con la cabeza. —No lo creo.
— Pau...
—Por favor no me hagas hacer esto sola.

—Nunca estás sola  —dijo Wren, suspirando de nuevo—. Ese es el  maldito punto de tener una hermana gemela.


—Esto es muy bonito —dijo su padre, echando un vistazo alrededor de Pound 913, y poniendo un cesto de la ropa lleno de zapatos y libros  sobre el colchón de Pau.
—No es lindo, papá —dijo Pau con rigidez, de pie en la puerta—. Es  como una habitación de hospital, pero más pequeña. Y sin televisión.
—Tienes una gran vista del campus —dijo. Wren se acercó a la  ventana.  —Mi habitación da a un estacionamiento.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Pau.
—Google Earth.

Wren no podía esperar a que toda esa cosa de la universidad comenzara. Ella y su compañera de cuarto,  Courtney, habían estado hablando durante semanas. Courtney era de Omaha  también. Las dos se habían reunido y fueron juntas a comprar cosas para el dormitorio. Pau se les unió de mala gana y trató de no hacer pucheros  mientras  ellas escogían posters y lámparas de escritorio a juego.

El padre de Pau volvió de la ventana y le pasó un brazo alrededor de sus hombros. —Todo va a estar bien —dijo.
Ella asintió. —Lo sé.
—Está bien —dijo, aplaudiendo—. Próxima parada, Schramm Hall. Segunda parada, pizza buffet. Tercera parada, mi triste y vacío nido.
—No pizza —dijo Wren—. Lo siento, papá. Courtney y yo vamos a la barbacoa de primer año  esta noche. —Dirigió su mirada hacia Pau —. Pau debe ir, también.
—Sí pizza —dijo Pau desafiante.
Su padre sonrió.  —Tú hermana tiene razón, Pau. Tienes que ir. Conocer gente nueva.
—Todo lo que voy a hacer durante los próximos nueve meses es conocer gente nueva. Hoy elijo pizza buffet.
Wren puso los ojos en blanco.
—Está bien  —dijo su padre, dándole a  Pau palmaditas en el hombro—. Próxima parada, Schramm Hall. ¿Señoritas? —Abrió la puerta.
Pau no se movió. —Puedes venir a buscarme después de dejarla —sugirió, mirando a su hermana—. Quiero empezar a desempacar.
Wren no discutió, sólo salió al pasillo. —Voy a hablar contigo mañana —dijo, sin voltearse a mirar a Pau.
—Seguro. 

Continuara...

Hooola! Bueno primero que nada Gracias por leer. 

Segundo a las que quieran que les pase la nove cuando suba les dejo mi Twitter y mi ask (igual estan arriba). 

Muuchos Besos. 

@Maajoo_PyP 

miércoles, 6 de agosto de 2014

Capitulo 1

SEMESTRE DE OTOÑO, 2011


Había un chico en su habitación.

Pau miró el número pintado en la puerta y luego hacia abajo, a la asignación de espacio en su mano.
Pound Hall, 913.

Esa era sin duda la habitación 913, pero  tal vez no era Pound Hall, todas esas residencias se parecían, como torres de viviendas públicas para ancianos. Tal vez Pau debía tratar de interceptar a su padre antes de que le llevara el resto de sus cajas.

—Tú debes ser Paula —dijo el muchacho, sonriendo y tendiéndole la mano.
—Pau—dijo, sintiendo un salto de pánico en el estómago. 

Hizo caso omiso a su mano. (Ella estaba sosteniendo una caja de todos modos, ¿qué esperaba?)
Aquello era un error, tenía que ser un error. Sabía que Pound era un edificio  de dormitorios mixtos…  ¿Existía tal cosa como los  dormitorios mixtos?
El chico tomó la caja de sus manos y la puso en una cama vacía. La cama en el otro lado de la habitación ya estaba cubierta con ropa y cajas.

—¿Tienes más cosas abajo? —preguntó—. Acabamos de terminar. Creo que ahora iremos a por una hamburguesa;  ¿quieres una? ¿Ya has estado en Pear‘s? Hamburguesas del tamaño de tu puño. —Él tomó su brazo. Ella tragó saliva—. Has un puño —dijo.

Pau lo hizo.

—Más grande que tú puño —dijo, dejando caer la mano y tomando la mochila que ella había dejado en la puerta—. ¿Tienes más cajas? Debes tenerlas. ¿Tienes hambre?

Era alto, delgado y bronceado, y parecía como si acabara de quitarse un gorro de lana, tirando del cabello rubio oscuro en todas direcciones. Pau miró la asignación de la habitación. ¿Este era Reagan?

—¡Reagan!  —dijo  el chico  felizmente—. Mira, tú compañera de cuarto está aquí.

Una chica rodeó a Cath en la puerta y la miró con frialdad. Tenía cabello liso, castaño, y un cigarrillo sin encender  en la boca. 
El chico lo tomó y se lo puso en su boca. —Reagan, Paula. Paula, Reagan —dijo.
—Pau —corrigió ella.

Reagan asintió y buscó en su bolso otro cigarrillo. 
—Tomé esté lado —dijo, señalando a la pila de cajas en el lado derecho de la habitación—. Pero eso no importa. Si tienes problemas de feng shui, no dudes en mover mi mierda. —Se volvió hacia el muchacho—. ¿Listo?

Él se giró hacia Pau. —¿Vienes?

Pau negó con la cabeza.

Cuando la  puerta se cerró detrás de ellos,  se sentó en el colchón desnudo que aparentemente era suyo —el feng shui era el menor de sus problemas—, y apoyó la cabeza contra la pared de bloques de hormigón.

Sólo tenía que tranquilizar sus nervios.

Tomar la ansiedad que sentía como estática negra trás sus párpados y un corazón extra en su garganta, y empujarlo todo hacia su estómago a donde pertenecía, donde pudiera, al menos,  atarlo  en un buen nudo y trabajar en torno a ello.

Su padre y Wren estarían allí de un momento a otro, y Pau no quería que supieran que estaba a punto de deshacerse. Si Pau se deshacía, su padre se  desharía. Y sí  ambos  lo hacían, Wren actuaría como si lo estuvieran haciendo a propósito, sólo para arruinar su perfecto primer día en el campus. Su nueva y hermosa aventura.
Vas a darme las gracias por esto, seguía diciendo Wren.
La primera vez que lo dijo fue en junio.
Pau ya había enviado sus solicitudes de vivienda a la universidad, y por supuesto que había puesto a Wren como su compañera de cuarto, no lo había pensado dos veces. Las dos habían compartido una habitación
durante dieciocho años, ¿por qué detenerse ahora?


—Hemos compartido una habitación  por  dieciocho años  —argumentó Wren. Estaba sentada a la cabecera de la cama de Pau, portando su exasperante rostro de ―Soy la Madura Aquí.